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trastorno mental severo

 

La "rehabilitación" en salud mental sigue siendo un tema controvertido, tanto en su vertiente teórica como en la práctica. En la teórica porque, aunque probablemente ningún profesional del campo de la salud mental se negaría hoy a reconocer que la atención a personas con enfermedades mentales graves incluye componentes de rehabilitación, ese aparente acuerdo encubre, a menudo, discrepancias importantes cuyo significado real no siempre está bien precisado. Pero, además, ese reconocimiento teórico, cuando se da, no suele tener una repercusión práctica directa en relación con la estructura y funcionamiento de nuestros servicios de salud mental.
 
Discusiones sobre el significado concreto del término rehabilitación y sus diversos componentes, sobre si todos los profesionales de salud mental "hacen", deben o pueden "hacer" rehabilitación o ésta es una tarea reservada a personal más especializado, sobre la relación entre rehabilitación y apoyo social, sobre la necesidad o no de dispositivos específicos o sobre el carácter sanitario o no sanitario de distintas actividades, servicios y profesionales de la rehabilitación, son, entre otros muchos, algunos de los debates que de manera directa o indirecta se mantienen periódicamente entre nosotros1. El debate no sólo no es malo sino que, además de inevitable, puede resultar útil, ayudándonos al menos a definir mejor nuestro trabajo. Pero para ello es importante delimitar con precisión los términos del mismo y ahí nos encontramos muy a menudo con otro problema, el de que muchas de nuestras discrepancias se deben no sólo a diferencias conceptuales o de enfoque teórico, o a distintas consideraciones estratégicas o tácticas, sino también a distorsiones derivadas de confusiones e imprecisiones terminológicas.
 
Pero hay también dificultades prácticas que tienen relación con esas discrepancias, además de con otros muchos factores, entre ellos la evidente infradotación de recursos que suele caracterizar este sector. Se produce así no sólo una insuficiencia general de actividades, profesionales y espacios "rehabilitadores", sino también distorsiones curiosas, como la que luego llamaremos "paradoja de la rehabilitación", situación en la que la carencia de intervenciones "rehabilitadoras" en la atención a personas con trastornos mentales graves, coexiste con una escasa e inadecuada utilización de algunos recursos específicamente destinados a este fin, como son, por ejemplo en el caso de Andalucía, las unidades de Rehabilitación. Paradoja que algunos pretenden de vez en cuando solucionar, en un ejemplo del clásico "tirar por la calle de en medio", proponiendo, hasta el momento más o menos "en voz baja", la desaparición de dichas Unidades.
 
Esta situación no es específica de Andalucía, pero presenta aquí algunas características peculiares. Entre otras cosas por ser, pese a todo, nuestra Comunidad Autónoma una de las que más ha avanzado en el desarrollo de un sistema de atención comunitaria, tras la desaparición de los hospitales psiquiátricos públicos. Pensamos, por ello, que merece la pena reflexionar un poco sobre esta situación, proponiendo algunos elementos para un debate profesional que en nuestra opinión corresponde impulsar, entre otros agentes, a nuestra Asociación2.
 
Como contribución a ese debate, y aunque en otros espacios hemos desarrollado de manera más extensa distintos aspectos de nuestra posición sobre el tema (3-10), vamos a intentar sintetizarlos, articulando algunos conceptos sobre atención comunitaria, rehabilitación y apoyo social. Pretendemos con ello ofrecer un esbozo de sistematización teórica, que pueda servir de base para una aproximación crítica a algunos aspectos de la situación concreta de Andalucía, en referencia a los distintos aspectos que incluimos bajo el término "rehabilitación". En ese sentido el artículo resume (quizás con más extensión y reproducciones textuales de las debidas) distintos planteamientos ya publicados (3-10), que intentan servir de hilo conductor para exponer, finalmente, algunas hipótesis valorativas sobre la situación actual y algunas estrategias que nos parece útil tener en cuenta para intentar mejorarla. Aunque nuestras reflexiones y propuestas se basan lógicamente en la situación de Andalucía, pensamos que, en sus aspectos más generales, pueden ser de interés para compañeros y compañeras de otras Comunidades Autónomas.
 
 
 
1. Un marco de referencia general. Atención comunitaria y personas con trastorno mental grave o severo
 
Como hemos mencionado en otras ocasiones, hablar de atención comunitaria, rehabilitación y apoyo social en salud mental sigue significando todavía moverse en un espacio con importantes niveles de confusión e imprecisión (4; 5). El carácter polisémico de muchos de los términos que utilizamos, la complejidad de prácticas y posiciones teóricas y su desigual nivel de desarrollo tanto en general como, especialmente, en nuestro país (1; 2; 11; 12), parecen ser algunos de los factores que determinan dicha confusión. Sin olvidar que, como señalaba hace unos años Benedeto Saraceno (13), estamos haciendo referencia a un campo que sigue caracterizándose, todavía, más como una "serie de prácticas en busca de teoría", que como un cuerpo teórico cerrado y coherente.
 
Por ello, para intentar ordenar el debate, aun a costa de dar un cierto "rodeo" argumental, vamos a exponer nuestra visión del tema, proponiendo algunas definiciones que faciliten una mayor precisión a la hora de establecer los términos de la discusión. Dado que una de las funciones ya tradicionales de la filosofía (14) (para algunos si no la única sí al menos la más relevante (15) es la de ayudar a esclarecer los términos técnicos para aumentar su precisión y evitar debates estériles, por confusiones en su uso, empezaremos por una breve "excursión filosófica".
 
 
 
1.1. La atención comunitaria como tecnología
 
Desde esa perspectiva filosófica, una manera de situar el tema, a modo de marco general, es enfocar la Atención Comunitaria (y, dentro de ella, la "rehabilitación" y su prolongación en los programas de "apoyo social") como una "tecnología" (4; 5), recurriendo a un término ya usual en la actual Filosofía de la Ciencia (14; 16-18). Con él se quiere hacer referencia a un complejo sistema de acciones sociales, diferenciado de otros como aquellos a los que denominamos "ciencia" o "artesanado", y que: articula conocimientos teóricos, procedimientos técnicos y agentes profesionales específicos (con sus expectativas, valores e intereses concretos, y no sólo como supuestos "entes racionales"); se basa en el desarrollo científico, en el doble sentido de ser, por un lado, compatible con los conocimientos científicos y técnicos disponibles en cada momento y, por otro de utilizar una metodología igualmente científica (19) ("pensamiento lógico-racional" y algún tipo de evaluación o contrastación empírica); y cuya evolución no es entendible en función de factores exclusivamente internos, sino que debe ponerse en relación compleja con el desarrollo macro y micro social.
 
La utilidad de aplicar esa triple dimensión (reflejada en la trilogía "ciencia, tecnología, sociedad" que da nombre a algunos enfoques actuales de la Filosofía de la Ciencia (16), al análisis de un sistema como el nuestro, tiene que ver con algunas de sus implicaciones. De hecho, si definimos nuestro campo como una tecnología, estamos enfatizando la necesidad de una permanente revisión crítica de la consistencia de nuestras formulaciones teóricas y de su concordancia con los distintos conocimientos científicos relacionados con ellas, así como de la evaluación sistemática de nuestras técnicas de intervención. Lo que, entre otras cosas, enlaza con el "núcleo racional" de la llamada "atención basada en la evidencia" (20; (21), si bien algunas de sus formulaciones, tanto generales como en salud mental, deben ser consideradas con una razonable "distancia crítica".
 
Pero esa definición implica también reconocer el papel central que corresponde, en el desarrollo de nuestra tecnología, a distintos agentes, profesionales y no profesionales. De ahí la importancia, además de la sistematización teórica y la investigación empírica, de la formación profesional y el debate teórico y técnico. Debate que, frente a lecturas mal informadas del término "tecnología", incluye inevitablemente referencias a "valores" (epistémicos, éticos, políticos y, en general, sociales), a filosofía y, en definitiva, a "ideología" (en el sentido más amplio del término) y no sólo a meras relaciones de técnicas y hechos concretos, "puros e incontaminados" (14; 16; 17; 22).
 
Por todo ello y más allá de su interés filosófico general, pensamos que esta consideración, que tiene todavía más de deseo y referencia orientadora que de realidad plena, podría ayudarnos a superar progresivamente la persistencia de niveles importantes de error, desconocimiento y mala práctica que buscan refugio en el "artesanado" que, con mayor o menor fortuna, viene caracterizando gran parte de nuestra actividad profesional.
 
FUENTE: 

Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría

versión impresa ISSN 0211-5735

Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. v.27 n.1 Madrid  2007

http://dx.doi.org/10.4321/S0211-57352007000100016 

TAG: Rehabilitación, apoyo social y atención comunitaria a personas con trastorno mental, trastorno mental severo, recursos y trastorno mental severo
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